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lunes, 2 de marzo de 2009

Ampelmann: el hombre del semáforo que ganó la guerra fría.



Acabo de volver de Berlín donde he pasado unos días y me ha llamado especialmente la atención, no tanto el polo de atracción que sigue atrayendo la primera capital en el corazón de Europa -entre el Este y el Oste-, sino un fenómeno del marketing llamado el Ampelmann (el hombre del semáforo).
Se trata de una figurita inventada en octubre de 1961 en la antigua Alemania comunista del Este por el psicólogo Karl Peglau para animar a que los berlineses orientales cruzasen con cuidado los semáforos de las calles sin ser atropellados. Antes de la caída del Muro de Berlin (noviembre 1989), el hombrecito del semáforo ya se hizo famoso en los hogares germano-orientales por aparecer en varios programas infantiles de la TV del partido. Fue con la reunificación alemana y la introducción del Deutsche Mark (marco alemán) cuando las autoridades federales quisieron acabar como con todas las demás viejas tradiciones socialistas del Este, también con este símbolo berlinés oriental. Lo que no imaginaban los burócratas occidentales de Bonn es que en 1995 volviera a resurgir como reinvidicación de la aplastada identidad oriental. El Ampelmann pretendía arrebatar su espacio propio y conservar su popularidad, imponiéndose así a los figuritas insípidas de los semáforos occidentales (en rojo).
Pocas "guerras" han ganado los Ossis (germano-orientales) frente a sus homólogos Wessis (occidentales). El Ampelmann constituye hoy en día un escaso ejemplo, con una popularidad extendida por todo el país, hasta haberse convertido en un artículo nostálgico de merchandising en venta en tiendas propias y hasta en hoteles de lujo y galerías de arte.
Es raro ver por la noche a algun berlinés que se salte un semáforo en rojo. Nos preguntamos en España si en vez de tomarnos los cruces peatonales tan a güasa y aún a riesgo de poner tantas vidas humanas en peligro, si una figurita en movimiento como la del Ampelmann devolvería con vida 1 de cada 3 atropellos mortales en los semáforos de ciudades como Madrid o Barcelona. Si es cosa del diseño, y dado que la señalática está visto que no es nuestro fuerte, copiemos a esta figurita comunista reliquia de la extinguida "guerra-fría".