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domingo, 3 de marzo de 2024

 Cuando los excesos sobrepasan nuestros límites.


#PIBe #turismo #sequía #consumismo #movilidad #fracasoescolar #corrupción


Fuente: Euro Taller


Durante mucho tiempo se ha dicho que los excesos son perjudiciales

y se ha discutido cambiar el modelo productivo tanto para combatir la emergencia climática así como para afrontar todos los desafíos del futuro. Se derrocharon ríos de tinta y hasta se idearon fondos especiales en la UE a partir de una pandemia que azotó a la economía con el fin acelerar el cambio del cambio, pero todo sigue igual. 


Admitiendo que el capitalismo del usar y tirar es causante en buena parte del daño al planeta, los años transcurren y nunca se aborda el tema de forma consecuente. Por la gran cantidad de intereses creados. 


España acoge más de 80 millones de turistas al año que beben agua, se asean y gozan del ocio que hay que regar. ¿De verdad tenemos que extenuar nuestro patrimonio hidrológico para sustentar una actividad que representa el 12% del PIB pero que nos arrastra a la desertización y hecatombe ecológica? Las pandemias como la guerra del agua serán otro fenómeno que irán en auge conforme avance la destrucción del ecosistema, afectando a cada vez más regiones sensibles de nuestro país. 


El lema “calidad sobre cantidad” no se aplica en la industria del turismo, uno de los pilares de nuestra economía. Al contrario. Como tampoco con “la huerta de Europa”  que se sobreexplota al máximo para dar de comer a los nuestros y los de fuera hasta extenuar los pozos subterráneos, el paisaje natural, afectando a la flora, fauna y empleo.


Dicen que tenemos que reciclar para mitigar el impacto ambiental. Está muy bien, pero será imposible hacerlo con tanta sobre-producción y sin reponer la destrucción y agotamiento de los recursos naturales. Una alternativa, bajar el nivel de consumo, ¿Necesitamos verdaderamente todo lo que consumimos? Tanto empeño en descarbonizar la economía y seguimos midiendo la riqueza del país sin valorar los impactos sobre el stock ambiental  que tarde o tempranos tendremos que afrontar. Su alternativa sería el PIB ecológico o PIBe, amparada por suficiente normativa legal, ordenamiento jurídico y directivas europeas.


Se calcula que casi 90 millones de toneladas de alimentos en Europa van a parar a la basura al año, de los cuales más de un millón corresponde a España. Paradójicamente muere en el mundo ya más gente por obesidad que por hambruna. Los vertederos están saturados de tantos residuos. No nos debe extrañar por  la sobre-oferta de productos en los mercados y grandes superficies. Lo malo es que con ello saturamos la contaminación de la tierra, el aire, los mares y hasta el espacio con tanta chatarra viajando por órbita.


Por no hablar del parque de 300 millones de coches en Europa para desplazarnos, por el simple hecho de que el transporte público es ineficiente e inoperativo. Tampoco se están valorando otras alternativas en el nuevo concepto de movilidad que persiga la descarbonización del aire y una huella ecológica cero.


Otro de los excesos que no abordamos y que redunda en la negativa al cambio del modelo actual radica en la calidad de enseñanza. Tantas reformas educativas en democracia no impiden que estemos a la cola en los informes PISA. Cómo pretendemos adaptarnos al cambio, ser competitivos y costear algunas reformas ilusas como aumento de salarios, rebaja de jornada laboral, combatir el alto nivel de  absentismo, fracaso escolar, etc si la calidad de la enseñanza está por los suelos, no se pone remedio y la productividad no hace más que descender. 


Aún en muchas aulas se conserva el arcaico  modelo de la memorización como radial para el aprobado, dejando de lado nuevas técnicas de aprendizaje y materias troncales para despertar el espíritu crítico de edad temprana.


El analfabetismo cognitivo pasa factura en el mundo laboral, a la empresa en demanda de mano de obra cualificada, en el ejercicio de la política y hasta en la defensa de derechos básicos. Estamos en la era de la revolución ecodigital y aún nos aferramos a prácticas analógicas y deficitariamente sostenibles.


Un grave fenómeno nada nuevo lo arrastramos con la corrupción. Está institucionalizada tanto en la clase política como en buena parte de las instituciones públicas. No hay formación politica que no haya estado alguna vez salpicada por  un escándalo de dinero negro, abuso de poder o tráfico de influencias. Y escudarse  con “el dinero defraudado no ha servido al enriquecimiento personal” para justificar un indulto, es de una hipocresía supina. Amnistiar líneas rojas o a quienes han robado del Estado por conveniencia ideológica y tactismo oportunista crea un falso antecedente del que costará reponerse. 


Por ello, mientras los excesos de la corrupción, el fraude y la mentira no se atajen en la sociedad, se pongan todos los medios para prevenir, luchar y combatirla no avanzaremos como sociedad. Los órganos fiscalizadores tienen que cumplir su rol aunque no lo hagan suficientemente ahora y se acumulen las causas de todo tipo.


Finalmente pensar que podremos seguir masificando las grandes urbes mientras despoblamos las zonas rurales es un sinsentido. Las protestas del campo son un pequeño síntoma de lo que nos puede ocurrir porque es el campo quien alimenta a las ciudades. Por otro lado, concentrar el 75% de la población nacional en un 25% del territorio es el causante de la falta de viviendas, los elevados niveles de contaminación del aire, de la tardía emancipación de los jóvenes, de la precariedad laboral y habitacional, así como de la natalidad y  prosperidad colectiva.


Hasta aquí podremos estar casi todos de acuerdo. La cuestión es si tomaremos cartas en el asunto a corto plazo o seguiremos negando la mayor y auto-engañándonos. Esperar que sean los máximos responsables quienes actúen es tan perjudicial como pensar que individualmente no estamos en disposición de cambiar nada porque nos dejamos llevar por tanta cacofonía ambiental. @ignacioSLeon


lunes, 1 de julio de 2013

EL PiBe (producto interior bruto ecológico): por cuestiones de Salud y en defensa de la Vida



   La huella ecológica, como indicador ambiental de la actividad humana, aunque es objeto de intenso estudio en los últimos tiempos no deja de trascender más allá de determinados círculos. Y ello, a  pesar que incide directamente en la salud de las personas y en la sostenibilidad. No es tanto un tema de mediciones, pero sí de que tengamos en cuenta que todos los recursos naturales que consumimos tienen que reponerse si pensamos en las generaciones futuras, porque planeta Tierra sólo existe uno.
   Una propuesta singular puede radicar en la medición del balance ecológico del patrimonio natural o stock ambiental, mediante el cálculo de la renta nacional a través del PIBe- el producto interior bruto ecológico. 
   Todas las actividades económicas del hombre, sin excepción, tienen su impacto ambiental, y pese a ello, estas externalidades quedan hoy por hoy sin valorar en el PIB clásico, así como sin reponer a pesar del alto coste que comportan para la economía nacional de cualquier Estado. El cálculo actual del PIB es incompleto. No recoge el valor contable del impacto ambiental en el conjunto del territorio. La economía no se puede separar del medio-ambiente, como hemos estado haciendo hasta ahora.  Si todas las actividades del hombre tienen su  impacto en la naturaleza y por ende, en la Salud y calidad de vida, ya es hora de tenerlo en cuenta y contabilizarlo económicamente.



   Según expongo en esta nueva obra de ensayo, existen a lo largo de todo el ordenamiento jurídico en España, así como en la UE, en directivas   e incluso en gran número de convenios internacionales firmados, razones de peso para justificar el nuevo cálculo del PIBe. Por encima de todo, el derecho a la vida, a la salud humana y bienestar de las personas.  Su restitución tarde o temprano no sólo tiene clarísimamente un coste monetario, sino que incluso éste debería contabilizarse para valorar así el daño económico ocasionado. 

   Cuestiones de tanta trascendencia para la vida y salud de las personas, como el impacto ambiental y el consumo de nuestro pírrico patrimonio natural a marchas forzadas, no pueden obviarse por más tiempo. Si empezáramos concienciando en la educación ambiental, prosiguiéramos reponiendo los limitados recursos naturales dañados del planeta, y casi termináramos calculando adecuadamente la renta nacional por medio del PIBe, tal vez acabaríamos con la sobre-explotación, el exceso de consumo y el derroche energético. En definitiva, con todo brote de vida futura.  Esta obra sobre el PIBe-El Producto Interior Bruto ecológico espero contribuya a abrir los ojos y a empezar a cuestionarnos que todo impacto ambiental ha de reponerse con su consiguiente coste económico que hoy por hoy obviamos. Como economista, la  prosperidad de la UE y del resto del mundo no puede medirse sin valorar contablemente el coste de reposición del stock ambiental.
   ¿Se imaginan limpiar el portal de nuestras casas y arrinconar los escombros y basura en el patio interior, simplemente para que no tropecemos al entrar por la elegante puerta de entrada? Alguien llamaría a esto encubrimiento. Y claramente es lo que estamos haciendo.